¡Bienvenid@! Hablemos de comunicación

Me gusta hablar en público. Disfruto. Es una actividad que me produce placer y me parece fascinante. Además, me siento afortunado siempre que un grupo de personas, más grande o más pequeño, dedica parte de su valioso tiempo a escuchar lo que tengo que decir. Esa sensación de conectar con los demás, compartir emociones a través de la comunicación y transmitirles información que les genere interés me resulta de lo más gratificante. Pero no siempre fue así.

Si has llegado hasta aquí, es muy probable que no disfrutes todavía cuando te toca hablar en público, incluso que lo veas como un problema, un “marrón”, antes que como una oportunidad. Pero eso se puede cambiar. Lo sé porque yo he recorrido ese camino.

La comunicación forma parte de tu esencia como ser humano, como criatura excepcional que eres. Es, al fin y al cabo, una proyección de lo que vives y sientes, por lo que su naturaleza es fluir y evolucionar en paralelo a tu propia vida. Forma parte de la misma ruta vital de autoconocimiento que es tu existencia, donde se desarrolla tu ser.

Entonces, ¿por qué te genera tantas dificultades? No te preocupes. No sabes hablar en público con seguridad porque nadie te ha enseñado a hacerlo. Así de simple. Si no cuentas con los aprendizajes necesarios para poder desarrollar una habilidad, sea la que sea, ¿cómo vas a ejecutarla con confianza? Todos nos comunicamos desde el primer instante del día en el que nacemos, claro, forma parte de nuestra naturaleza, pero tener la capacidad de hacer una cosa no quiere decir que sepamos realizarla bien o, mejor dicho, de manera óptima para que contribuya al desarrollo personal que deseamos. Capacidad no es lo mismo que habilidad.

Así las cosas, cuando quieres aprender a hablar en público porque tu entorno profesional lo demanda, ya arrastras una mochila más o menos cargada de miedos, inseguridades y, normalmente, alguna que otra mala experiencia. Todo esto es el resultado de un proceso totalmente autodidacta en el que nadie te ha ayudado y donde tienes demasiadas dudas sin resolver. El resultado es un “sálvese quien pueda” permanente que te limita enormemente y que convierte algo tan bonito y satisfactorio como la comunicación en una actividad estresante y frustrante. Es muy común.

Fíjate en este dato: “El 77,5 % de los estudiantes universitarios no ha recibido nunca formación en comunicación oral en ninguna de sus etapas educativas y el 75% de los entrevistados asegura haberse quedado en blanco, haber pasado una situación complicada o vergonzosa (el 52%) o haberse quedado afónico (19%) durante sus exposiciones orales”, explica la periodista de El País Eleonora Giovio (El País, 2024), en referencia a un estudio realizado por el Observatorio Social de la Fundación La Caixa. 

Y ojalá los problemas terminaran aquí. Desafortunadamente, continúan. Porque cuando decides ponerte a trabajar en tu comunicación, en el momento en el que llega la oportunidad de hablar en público, es habitual autoimponerte hacerlo perfecto, impecable, sin ningún error. Con el tiempo y la experiencia, he aprendido que la “perfección” no es importante, porque la comunicación eficaz consiste, sobre todo, en transmitir emociones. 

Ese punto de tu vida y el de muchas personas suele coincidir con que los compromisos y exigencia laborales son altos, desde luego, mucho más elevados que tus habilidades para hablar en público. En muchos casos, esto produce una fuerte discrepancia y un evidente sentimiento de frustración: lo que te exiges y lo que crees que esperan de ti no se corresponden con los conocimientos que tienes, con el tiempo que has podido dedicar a desarrollar esas habilidades que ahora necesitas ni con la seguridad que sientes cuando comunicas. Un desasosiego que puede bloquearte, asustarte y, por tanto, dificulta muchísimo el proceso de aprendizaje y tu consiguiente evolución. Lo que debería ser un camino constructivo y enriquecedor de autoconocimiento en el que aprender a expresarse mejor para compartir con los demás todo lo valioso que llevas dentro se convierte, a menudo, en una senda oscura y tortuosa en la que los miedos, la inseguridad y la preocupación por la aprobación externa son trampas que dificultan tu marcha. ¿Te suena?

He decidido publicar mi libro ‘Como te lo cuento’ y desarrollar este blog cuando se cumplen veinticinco años desde que comencé a trabajar en los medios de comunicación, sobre todo en televisión, y más de una década desde que empecé a impartir formaciones para ayudar a las personas a mejorar sus exposiciones públicas.

Aquí quiero compartir contigo historias que transmiten experiencias reales, anécdotas en televisión y aprendizajes adquiridos junto a los cientos de alumnos con los que he trabajado a lo largo de los últimos años. Estos cursos de comunicación me han dado la oportunidad de observar detenidamente a las personas, analizar sus reacciones y aprender de ellas. Te adelanto que prefiero huir de dogmas y de verdades supuestamente absolutas sobre comunicación que seguro que ya has leído antes. No es que no las comparta, en su mayoría son consejos prácticos, pero nunca he sido partidario de aplicar fórmulas exactas a un proceso tan humano como es el de comunicar.

Bienvenido a este espacio en el que hablaremos de comunicación con un enfoque constructivo y desde la honestidad. Sin humo ni marketing. Desde la experiencia y la realidad. Si quieres ponerte en contacto conmigo, estaré encantado de leerte en hola@disfrutahablandoenpublico.com

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